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Aprende a sentir tu valor

¿Quieres tomar las riendas de tu vida? 

Estamos acostumbrados a pensar en lo que queremos, necesitamos o nos gustaría. En realidad, más que pensar reaccionamos. Cuando nuestra mente da vueltas a nuestros deseos, especialmente al imponerse con urgencia, creemos que eso es pensar; pero no. Si nos hemos cultivado intelectual o científicamente, aprendemos a valorar con método; aprendemos a cuantificar con precisión y medir para evaluar y tomar decisiones fundamentadas. En esta forma llegamos a poder determinar el grado exacto del riesgo que resulta asumible, en una inversión por ejemplo, rectificar desde la observación concreta de los márgenes de error en una tarea o procedimiento, para aprender, complementar y compensar nuestras carencias o las de aquella actividad o trabajo en el que asumimos responsabilidad con madurez.

Cuando pensamos en nosotros mismos, tendemos a evaluarnos o juzgarnos, al superar la fase de la mera reacción instintiva. Esto supone un control sobre nuestros instintos primarios, de origen biológico. En ese momento damos cavida a un cierto proceso de valoración ética o moral. Pero los procedimientos no expertos, en este sentido, nos llevan a cuestionamiento dualistas radicales: somos buenos o malos, tenemos aciertos o errores, somos capaces o incapaces. Desde aquí, al pretender que nos desviamos de lo adecuado o moralmente bueno, generamos culpa con tendencia reactiva al autocastigo. Es parte del procedimiento aprendido. Pero tal procedimiento se relaciona con lo que tiende a llamarse "creencias limitantes" y la tendencia al autocastigo se muestra como proceso de somatización enfermiza. Las estadísticas nos muestran que por este medio se generan muchas carencias en la salud física y mental, que se transforman de manera casi inmediata como ansiedad y baja autoestima. Esas son, a grandes rasgos, las cadenas principales de nuestra esclavitud actual, camuflada por la fantasía de las posesiones y el consumo desmedido; nuestras dependencias físicas, mentales, emocionales o de otros tipos.

Ahora bien, nuestra mente es una consecuencia natural evolutiva, perfeccionada a lo largo del tiempo, con un solo propósito y objetivo, que es la supervivencia del individuo. Nos mantiene vivos: es lo que quiere, es lo que hace; es lo que no vemos. La costumbre y la coincidencia en pensamiento con más individuos crean nuestra realidad, pero no necesariamente la verdad.  En nuestras sociedades una suposición puede llegar a convertirse en una realidad inamovible, solamente porque muchos miembros de la sociedad la comparten, sea cierta o no. No sabemos de dónde dimanan las cosas, ni por qué son así, lo único que podemos hacer es entender las reglas del juego para sobrevivir. Nuestra realidad, hábitat, sociedad, nuestro “entorno artificial”, es un escenario que hemos montado entre todos y que todos alimentamos día a día.  La mente racional no distingue si la información que procesa es invención suya o si procede del mundo exterior, a través de los sentidos. Son los sentimientos los que dan sentido a los datos. Nuestro estado de ánimo. El que tengamos en  cada momento condiciona nuestras respuestas, nuestra forma de interactuar con el medio. Por eso es tan importante que aprendamos a valorarnos sintiendo, configurando para ello el escenario mental que nos permita darnos sentido en todo momento como personas valiosas, independientemente de la expectativas que la sociedad o el resto de las personas generen sobre nosotros. No es fácil, pero es posible. Y el primer paso comienza "mirando" en cada instante hacia la sensación, emoción, deseo y sentimiento que se encuentra detrás de todos y cada uno de nuestros pensamientos. Cambiar nuestras creencias no es suficiente. Normalmente, las que elaboramos para sustituir a las antiguas se encuentran en el mismo escenario artificial de la mente estructurada por los procesos de socialización, aunque nos las implantemos en lo inconsciente. Si queremos auténticamente aprender a ser libres, aprender a llevar las riendas de nuestra vida, necesitamos una educación metodológica y crítica adecuada que nos permita sentirnos y no sólo pensarnos, como personas valiosas en cada instante, sin que los valores se marquen desde esas perspectivas ajenas a nosotros mismos.

Si quieres comenzar, individualmente o en grupo, con este camino estoy a tu disposición. También puedes consultar por cursos, talleres, diplomados o sesiones personalizadas.

El valor del silencio

              Cada día millones de personas, en todas las grandes ciudades del mundo, se encuentran envueltas en ruidos, pequeños y grandes. Nuestra capacidad de adaptación nos lleva a irnos acostumbrando a ellos, hasta que parece que no los oímos. Pero sus efectos nos repercuten en muchos sentidos. Por ello mismo, hace tiempo que se considera y se mide la “contaminación acústica”. No obstante, como dicen Miriam Alfie Coheni y Osvaldo Salinas Castillo: “Pocas son las ciudades que han iniciado campañas para disminuir y paliar los efectos provocados por el ruido”.

                        Uno de los efectos derivados de ese ruido constante, para quienes vivimos en grandes ciudades, es la disminución auditiva. Según estudios realizados en la Unión Europea en 2005, “80 millones de personas están expuestas diariamente a niveles de ruido ambiental superiores a 65 dBa y otros 170 millones, lo están a niveles de 55-65 dBa“, siendo el límite más alto deseable, según la Organización Mundial de la Salud 70 dBa. Esto sería fundamentalmente en relación con el aspecto físico de la audición. Pero hay otro aspecto relacionado con la sensibilidad emocional, afectiva, al que se le da menos importancia en los estudios pero que puede afectarnos aún más. Este último sentido suele relacionarse más con los índices de estrés, especialmente para las personas que cada día recorren grandes distancias en transporte público. A los ruidos derivados del tráfico, en este caso, se le unen otros elementos estresantes como la contaminación atmosférica y visual, como dice Javier Urbina Soriaiv.

             También debe valorarse en este sentido el ritmo acelerado de vida, debido a la competitividad y la ambición consumista. Estas situaciones deberían llevarnos a añorar el silencio como forma de descanso y medicina anímica. En ciertos casos es así. Pero una gran mayoría de personas temen también el silencio. Cuando se encuentran solas vuelven a envolverse en ruidos: música, radio y televisión. Y un elevado porcentaje no lo hace para deleitarse con las melodías o mantenerse informados, que sería lo natural. Lo hacen simplemente para escapar del silencio. Porque el ruido se convirtió también para ellas en una especie de droga, a la que se encuentran enganchadas. Cuando es ese el caso, debe prestarse mucha atención. La necesidad de huir del silencio es un síntoma de ciertos procesos de ansiedad y vacío existencial.

                         El silencio nos permite escucharnos más a nosotros mismos, “habitarnos”. Si tenemos dificultades en ese aspecto quiere decir que, en alguna medida, nos estamos rechazando a nosotros mismos o tenemos miedo de mirar algún asunto pendiente. Sin embargo, como ya deberíamos saber, la huída o la negación de los problemas no los solucionan. Cuando estos es así, se reducen inmediatamente nuestras “cotizaciones” en la bolsa de la vida; valemos menos ante nuestros propios ojos. En esto consiste la baja autoestima. Es como si nos autoacusáramos constantemente de “cobardes” y nos condenáramos a algún tipo de autocastigo, directo o indirecto, que algunos atribuyen a Dios o a la mala suerte. Cuando gestionamos adecuadamente nuestro íntimo sentido de valor, cuando nos sentimos valiosos, el silencio no es un problema; muy al contrario. El valor del silencio se encuentra cuando nuestro “brillo interno” permite iluminar las fuentes de nuestra creatividad, nuestro gozo y felicidad profunda. Esta es la vía que en todas las religiones, de una u otra forma, aparece como referencia de liberación, iluminación o Cielo interno. Así se adquiere la vivencia de la coherencia y satisfacción plena.

                    Muchas personas se han referido a tal estado a lo largo de la historia de la humanidad y fueron consideradas santas. Pero todos podemos gozar de esos pequeños o grandes gozos místicos; todos podemos visitar el Paraíso. No hace falta ser continuamente perfectos. Sería suficiente con aprender a disfrutar del silencio y descubrir la música sonriente que nos ofrece en todo momento. Si por ahora no podemos hacerlo, tampoco es necesario sentirnos culpables de nada. Sólo necesitamos descubrir el camino y despejar las nubes de nuestras autocondenas o sospechas de culpabilidad. Descubrirás el valor del silencio cuando pongas en orden tus estructuras internas y externas; en estado de coherencia. El Paraíso te espera en tu interior, sea cual sea tu circunstancia exterior. Cuando te das cuenta de eso, comienzas a ser libre. Como ya planteó Buda, descubres la no necesidad del Nirvana. La Educación en Valores debería llevarte a eso. Si hasta ahora no lo habías conseguido, este es un buen momento para comenzar. Es el momento de darte cuenta con precisión de por qué eres una persona valiosa y que puedes hacer uso de esa riqueza. En esa forma comenzarás a ver también la riqueza, el valor, en todo lo que te rodea. Si quieres comprobarlo, podemos ayudarte. Te mereces vivir desde tu mejor versión.

He leído con interés estas páginas dedicadas al valor del silencio. Me parece especialmente sugerente la idea de que el silencio no es una ausencia, sino un espacio de encuentro con uno mismo. En una época dominada por el ruido, la prisa y la reacción inmediata, reivindicar la escucha interior es también una forma de libertad. Gracias por compartir una reflexión que invita a detenerse, observar y reconocer el valor que cada persona posee más allá de las exigencias externas.

Antonio S. Sola - Escritor

 CODIFICACIÓN REGRESIVA

Para el desbloqueo emocional y la mejora en procesos de somatización

Dr. Juan Antonio López Benedí

              El método de la codificación regresiva se basa en la coordinación coherente del lenguaje conceptual con la asociación simbólica libre, natural en todo ser humano, como reflejo de la sensibilidad emocional y su representación subjetiva. Su operativa práctica ha demostrado ser muy efectiva en todos los casos en los que ha sido aplicada, desde 1987. Las personas tratadas con ella confirman siempre una sensación de bienestar inmediato en cada sesión, descrita como “alivio y ligereza”. Esta experiencia se traduce después en una mejora constatable, en algunas ocasiones con verdadero asombro, en las relaciones afectivas específicas tratadas. Estas últimas pueden ser en relación con terceros o con la misma persona, es decir en su autoestima y potenciación de habilidades sociales previas.

                Esta metodología se encuentra especialmente indicada para quienes se dedican a la práctica de la psicoterapia y como complemento de otros procedimientos o técnicas terapéuticas, como puede ser la acupuntura, la reflexología, el masaje o el biomagnetismo, entre otras, además de la medicina alopática tradicional. Por su mediación se ofrece una sencilla aplicación altamente eficaz por los resultados que genera de forma inmediata. En ella se combina el sondeo del subconsciente de la persona, a través de imágenes oníricas o fantasías, con procesos de retroalimentación en un estado alterado de conciencia. En esta forma se supera la resistencia de los individuos que sufren procesos neuróticos, permitiendo ajustes que facilitan enormemente el trabajo terapéutico.

Aclaración de términos

                      Para evitar el sesgo que el término "hipnosis" ha planteado por su utilización en "el mundo del espectáculo" y sus posibles efectos secundarios, es preferible hablar de "alteración de la conciencia". Se trabaja en ella desde un trance ligero, en una dualidad de conciencia con el fin de analizar y corregir los desequilibrios emocionales con rapidez. En pocas palabras, hace posible que el terapeuta actúe sobre la persona pasando de la actividad en el neocortex (pensamiento consciente) a la zona media del cerebro (procesos emocionales subconscientes), para disolver desde ahí sus bloqueos, fobias o experiencias dolorosas del pasado. Todo ello se vincula también con lo que se conoce como “sueño dirigido”. Éste consiste es una técnica específica en el campo de la conciencia alterada, por medio de la cual se pueden reconducir los desequilibrios emocionales de las personas, una vez que los síntomas, causas y procesos neuróticos quedan claramente establecidos, dentro de la simbología onírica propia de cada cual, para canalizarlos y reconducirlos.

Antecedentes

            John Nathaniel Rosen, psiquiatra estadounidense, publicó sus experiencias con técnicas que él denominó “psicoanálisis directo” aplicadas para la recuperación de la psicosis sin el uso de medicamentos, con resultados muy exitosos, en diferentes libros. Partiendo de estas propuestas, combinadas con mis propios trabajos e investigaciones relacionados con la hermenéutica de los sueños, así como de otros símbolos y desarrollos legendarios del imaginario colectivo, los procesos e investigaciones relativos a la hipnosis y la alteración de la conciencia, con pautas exclusivamente comunicativas, más las investigaciones llevadas a cabo por Paul Ekman, profesor de psicología de la Universidad de California, fui asentando la metodología operativa a la que se refiere el presente texto.

Bibliografía

EKMAN, P. (1991): Cómo detectar mentiras: una guía para utilizar en el trabajo, la política y la pareja. Barcelona. Paidós.

EKMAN, P. (2004): ¿Qué dice ese gesto? Barcelona. Integral.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1991): Cómo interpretar los sueños. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1996): Hipnosis-Sofrología. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2008): Regresiones. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2009): El corazón inteligente. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2013): La comunicación integral. Barcelona. Obelisco.

ROSEN, J. N. (1978). Psiquiatría psicoanalítica directa. Madrid. Biblioteca Nueva.

ROSEN, J. N. (1981). Direct Psychoanalysis. En R. J. Corsini (ed.), Handbook of innovative psychotherapies. New York: John Wiley & Sons, Inc. pp. 241-251.

ROSEN, J. N. (1975, 1977). Psicoanálisis directo. 2 tomos. Madrid. Biblioteca Nueva.

EDUCACIÓN EMOCIONAL CONSTRUCTIVA Y RESPETUOSA

Resumen

Este artículo presenta la educación emocional desde los valores humanos a través de un caso. Muestra la posibilidad de ayudar, de forma paliativa, en el tratamiento del cáncer, como ejemplo aplicable a otras enfermedades y/o procesos carenciales humanos. Esta ayuda se basa en la correlación con factores emocionales experimentados como valiosos para la persona en cuestión. Tal proceso es complementario con cualquier otra técnica terapéutica y proceso educativo medio y/o superior. También muestra el peligro de transmitir mensajes que destruyan los progresos logrados con anterioridad, incidiendo en la autoestima, la confianza y el sentido de valor de la persona.

Temas clave

Educación, formación, información, metáforas, condicionamiento, prejuicios, valores humanos, inteligencia emocional, cuidados paliativos. La educación emocional basada en valores humanos es una forma de aprovechar el lenguaje imaginativo como vínculo natural, metafórico, con las emociones y el sentimiento de reconocimiento de valor. Este lenguaje lo utilizamos, por ejemplo, cuando soñamos. Por su mediación damos salida a nuestras emociones o impulsos internos. Tal representación simbólica se apreció y estudió profusamente en el ámbito del psicoanálisis. A partir de las propuestas de Sigmund Freud se abrieron después muchas otras investigaciones y aplicaciones. En este ámbito, desde las investigaciones que he venido realizando desde la década de 1980, dentro del Doctorado en Hermenéutica realizado en la Universidad Complutense de Madrid, me interesé por mejorar la metodología y optimizar los resultados. De ello hablo de manera más amplia, tanto en relación con la justificación teórica, metodológica y muestras de casos tratados en diferentes países, en mi libro E.M.O.C.I.O.N.E.S. Esta propuesta ha probado ser muy efectiva, en conexión con procesos de alteración de la conciencia, que permite actuar en el área media del cerebro. Tales procesos pueden ser consecuencia de actividades lúdicas o inducciones simbolizadas a través de un lenguaje metafórico. Se producen cuando la actividad cerebral se encuentra por debajo del neocórtex. Este área se conoce como “cerebro emocional” o zona límbica. 

Como ejemplo práctico de observación, citaré a continuación un caso real. Se trataba de un hombre jubilado, de 67 años. Había comenzado a sentir ciertas molestias a raíz de la jubilación. Finalmente le diagnosticaron un tumor en el hígado. Aquello le asustó y se encontraba desmoralizado. Vino a verme acompañado por su mujer. Su objetivo era encontrar alivio a través de un procedimiento complementario con el tratamiento médico que seguía. Su proceso no era especialmente doloroso. No buscaba ninguna fórmula para reducir el malestar físico. Se apreciaba en él una gran tristeza, asociada a la pérdida de reconocimiento de valor como persona por el cese de su actividad profesional. Sus familiares habían observado la decadencia en su aspecto y en su sentido del humor. Les parecía que hubiera envejecido muchos años de golpe. Llegó a mi consulta por el empeño que había puesto su mujer; así me lo confesó. Él no esperaba nada y veía mi trabajo con escepticismo. Yo le invité a probar. No traté de convencerle de lo bueno que era lo que yo hacía. Respeté su opinión. Tan sólo propuse que no se dejara llevar por las creencias o recomendaciones de nadie. Debía centrarse en su propia experiencia. Al finalizar la primera sesión hablaríamos. Le pareció bien.

Comencé con un procedimiento de observación sensorial. En él se combinaron respiraciones rítmicas profundas con instrucciones sencillas. Fuimos pasando de las sensaciones externas objetivas a las subjetivas externas e internas. Primero le hice concentrarse en las sensaciones de la piel, en las diferentes partes del cuerpo y la ropa. Después le hice ampliar su sensibilidad sintiendo, a través de su ropa, los zapatos, el suelo, el sillón y el aire. Seguidamente le induje a sentir las paredes y el techo a través del aire. Pasamos seguidamente a su interior. Sintió los pulmones, la sangre, el corazón, el esófago, el estómago, el intestino y el hígado, habilitando una representación imaginativa libre. Una vez abierta de forma operativa esta vía de acceso, le propuse que observara sus órganos por dentro. Al llegar al hígado describió tres “bolitas”, que se correspondían con los tumores. En ningún momento le dije que tuviera que ver nada allí. Pero él pareció entusiasmarse porque las veía “con toda claridad”. El siguiente paso fue rastrear aquellas “bolitas” en su evolución temporal. Le propuse observar asociaciones en relación con sus vivencias y recuerdos. Estos iban apareciendo en forma regresiva hasta que tales “bolitas” desaparecieran. Rastreando tal pista fueron surgiendo imágenes y sentimientos de inutilidad y pérdida del sentido de la vida. Me pareció suficiente aquella información.

Llamó mi atención que el proceso se hubiera manifestado después de jubilarse. Por este motivo le sugerí indagar en aquellos sueños, metas o impulsos que le atrajeran. Buscamos asociaciones de temas que le parecieran atractivos en este momento. También buscamos objetivos o deseos insatisfechos de cualquier otro momento de su vida. Y apareció un fuerte impulso por ayudar a los demás. Siempre quiso aliviar el dolor y el malestar ajeno, aunque nunca se sintió especialmente dotado para ello. Tampoco había estudiado nada que le permitiera prepararse en ese sentido. Habló de sus limitaciones por diferentes causas, temores y prejuicios. Pero manifestó también que le gustaría hacerlo ahora. Veíaque la jubilación le permitía tener tiempo para prepararse. Era su oportunidad para sentirse optimista y motivado. Le induje a verse formándose en este sentido y se vio ayudando a otros a través de la imposición de manos, como se refiere en muchas prácticas registradas a lo largo de la historia y muchas personas declaran poder hacer en la actualidad. Aprovechando tal visión, le sugerí sentir la energía en sus manos como una luz con un color, que apareció libremente en su representación imaginativa. Seguidamente le sugerí que imaginara si era capaz de aliviar su propio malestar y le pareció viable. Eso le hizo sonreír y declarar que se notaba mejor al aplicarse la luz a sí mismo. A la vez, focalicé sus sensaciones metafóricas para que notara la energía fluyendo por todo su cuerpo. Esta "energía“ se presentó con la imagen de un color blanco azulado, así como la sensación de una vibración intensa y agradable. En ese proceso de visualización sentía entusiasmo y notaba que las “bolitas” del hígado se diluían. Él mismo se admiró al observar que ese "flujo energético“ parecía absorberlas.

Al terminar la sesión le propuse que mantuviera aquella imagen de los tumores disolviéndose en la energía blanca azulada. Le sugerí, además, que probara con curiosidad aplicando luz imaginaria y esa sensación vibratoria de sus manos para aliviar el malestar de otras personas. Por supuesto, también debería hacerlo con el suyo. Le propuse que se dejara llevar, aunque no tuviera conocimientos sobre la materia. Después podría formarse, si lo deseaba. Pero lo importante era “jugar” a sentir y compartir ese flujo de energía sanadora cada día. Y así lo hizo. Durante un año, paralelamente al tratamiento médico que seguía para su enfermedad, mejoró su calidad de vida a través de la imposición de manos. Las personas a las que trataba de ayudar le manifestaban su gratitud. Realmente se sentían mejor tras su intervención. Y aquello le motivó mucho; le permitió recuperar la autoestima, la sensación de valor en su vida. Después asistió a varios cursos para aprender a utilizar la energía de sus manos. En uno de ellos, un profesor le dijo que él no podía hacer lo que hacía. Le hizo verse como un enfermo y que dañaría más su propia salud. Aunque tal opinión fuera contraria a los hechos, la creyó. Le pareció “lógica”. Desde ese momento se convirtió en una sugestión, recibida por parte de una persona que él consideraba experta en el tema. Olvidó lo que experimentó conmigo. Aquello le hizo retroceder en su proceso, perdiendo de nuevo su autoestima y confianza.

Aquí apreciamos la fuerza y el riesgo de la sugestión. La educación emocional centrada en valores es un medio muy eficaz para activarla. Debidamente enfocada ayuda a mejorar la actitud psicológica en procesos de somatización o alteración orgánica tan complejos como puede ser el cáncer, de manera complementaria o paliativa con un tratamiento biomédico. Pero también pueden utilizarse códigos emocionales, de manera ignorante e involuntaria, para producir efectos contrarios. Estos serán consecuencia de las creencias limitantes. Resulta fundamental aprender a estructurar de forma no impositiva tales códigos y dirigirlos de manera constructiva. Al hacerlo así se logra una herramienta muy eficaz de apoyo y complemento con otros tratamientos. Estos tratamientos físicos, dela medicina tradicional, alopática, o de cualquiera de las llamadas medicinas alternativas, naturales, se verán siempre potenciados por este método adecuadamente aplicado. Pero cuando no se tiene en cuenta su correcta aplicación también puede entorpecer los procesos, como se ha comprobado tradicionalmente en las sugestiones funestas o pesimistas.

Antecedentes

John Nathaniel Rosen, psiquiatra estadounidense, publicó sus experiencias con técnicas que él denominó “psicoanálisis directo” aplicadas para la recuperación de la psicosis sin el uso de medicamentos, con resultados muy exitosos, en diferentes libros. Partiendo de estas propuestas, combinadas con mis propios trabajos e investigaciones relacionados con la hermenéutica de los sueños, así como de otros símbolos y desarrollos legendarios del imaginario colectivo, los procesos e investigaciones relativos a la hipnosis y la alteración de la conciencia, con pautas exclusivamente comunicativas, más las investigaciones llevadas a cabo por Paul Ekman, profesor de psicología de la Universidad de California, fui asentando la metodología operativa a la que se refiere el presente texto.

Bibliografía

EKMAN, P. (1991): Cómo detectar mentiras: una guía para utilizar en el trabajo, la política y la pareja. Barcelona. Paidós.

EKMAN, P. (2004): ¿Qué dice ese gesto? Barcelona. Integral.

LAKOFF, G. y JOHNSON, M (2017 ). Metáforas de la vida cotidiana. Madrid. Cátedra.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1991): Cómo interpretar los sueños. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1996): Hipnosis-Sofrología. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2008): Regresiones. Barcelona. Obelisco.

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LOPEZ BENEDI, J.A. (2013): La comunicación integral. Barcelona. Obelisco.

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ROSEN, J. N. (1978). Psiquiatría psicoanalítica directa. Madrid: Biblioteca Nueva.

ROSEN, J. N. (1981). Direct Psychoanalysis. En R. J. Corsini (ed.), Handbook of innovative psychotherapies. New York: John Wiley & Sons, Inc. pp. 241-251.

ROSEN, J. N. (1975, 1977). Psicoanálisis directo. 2 tomos. Madrid: Biblioteca Nueva.

¿Es verdad que todos tenemos un precio?

¿Cuánto crees que vales?

              Después de muchos años de impartir formación en grupos y sesiones personales, sé que las mujeres tienden a expresar más fácilmente sus emociones y a interesarse por el desarrollo personal en un número muy superior a los hombres. Pero eso no quiere decir que los hombres no lo hagamos. Lo hacemos de otra forma.

       Muchos hombres leen estas líneas y reflexionan sin decir nada. Mantienen un diálogo interno. Un diálogo más importante de lo que parece, porque en esa reflexión propia, sin que aún lleguen a expresar opiniones, sentimientos o reacciones emocionales, están forjando su nuevo mundo. Un mundo que florecerá poco a poco en la autoaceptación, la flexibilidad en la comunicación, en las relaciones familiares y afectivas en general, a la vez que ayudará a depurar sus propios valores internos, teniendo así cada vez más claro lo que realmente merece la pena en sus vidas, en nuestras vidas.

             Se trata de un proceso natural de maduración emocional, sin sentirnos juzgados, presionados o criticados. Un proceso en el que cada hombre irá poniendo en su balanza interior sus pensamientos, deseos, sentimientos y objetivos de vida, desde la más absoluta libertad y en secreto, hasta que por sí mismos fructifiquen los dulces resultados de la cosecha. Será entonces cuando comenzarán a expresarse y lo harán dejando sorprendidas a muchas mujeres, sorprendidas y enamoradas.

            Hace un tiempo hablaba con un amigo y colega sobre dinámicas para combatir el estrés. Él tenía mucha experiencia y yo por entonces comenzaba con mis propuestas. Había elaborado un programapara trabajar en grupo y me sentía orgulloso del mismo. Buscaba su reconocimiento y aprobación. Acababa de descubrir alternativas para diferentes tipos de estrés. Mientras él leía, yo hablaba sobre mis métodos. Estaba seguro del éxito de mi descubrimiento, completamente entusiasmado. Hablaba y hablaba sobre el tema. Entonces él terminó su lectura, miró el dorso de la última hoja y me dijo: “¿Y dónde están las mujeres?”.

             Su pregunta me desconcertó y vació mi mente al instante. “¿Qué mujeres?”, pregunté. Me caes bien y voy a contarte un secreto, respondió. “Los mejores cursos de estrés para ejecutivos son los que se llevan a cabo en lugares parecidos a la mansión de Playboy, atendidos por muchas chicas sonrientes y de buen ver”. Entonces me sentí perdido. Pensé que desde esa visión experta mi programa sería un completo fracaso. En ningún momento había previsto nada ni remotamente semejante. Me dejó pensando en que todavía tenía mucho que aprender. Unos años después estaba de visita en casa de unos amigos y llegó su hija. Ella tendría unos veinte años. Estaba trabajando como patinadora por las calles, ofreciendo una determinada marca de cigarrillos. Estaba contenta. Entre bromas y anécdotas dijo: “A los hombres, enseñándoles las piernas y un buen escote se les vende lo que sea”. Desde entonces he visto y aprendido muchas cosas, motivado por dos preguntas: “¿No se puede cambiar el rumbo en la biología masculina? ¿Seremos tan fácilmente manipulables?”.

            Tienden a confundirse muchas cosas: deseos y sentimientos, necesidades afectivas y amor, el valor y el precio de las personas. Hace mucho tiempo que viene ocurriendo. Hombres y mujeres caminan con orgullo por las diferentes avenidas del mundo saboreando el triunfo. Hay quienes identifican tal momento culminante con tener grandes casas en diferentes lugares, varios automóviles relucientes y un prestigio social, entre otras cosas. También escucho a menudo que todo ello, el éxito, tiene un precio. En ciertos casos, para poder mantener el “estatus social”, algunas personas no tienen tiempo para disfrutar realmente de nada. Recuerdo un amigo, un buen y querido amigo, que consiguió triunfar en los negocios, comenzando a los 14 años como un simple limpiador de coches. Llegó a tener su avión privado y varias casas de lujo: una en la mejor zona residencial de la ciudad, otra a mitad del campo con su propio terreno privado para cazar y la tercera en la costa junto a un famoso puerto de lujosos yates. Cada semana pasaba un par de días en cada una de sus casas y a todas me invitó en diferentes ocasiones. Para mantenerlas había tres familias a su servicio, una en cada residencia, y se ocupaban de que todo estuviera preparado a su llegada. Él estaba orgulloso de sus logros. Pero yo pude mirar detrás de ellos y encontré una inmensa soledad. Anhelaba disfrutar de momentos entrañables porque en su familia solo se hablaba de dinero y todos luchaban por llevarse el trozo más grande del pastel, aunque sus hijos también tenían sus propias posesiones magníficas. Una tarde me confesó que había perdido algo en su camino y que no sabía cómo recuperarlo.

               Hay muchas personas así. Me tocó conocer a unas cuantas que buscaban mi ayuda, en diferentes talleres y sesiones personales, a lo largo de los años. Confundir el valor con el precio ocurre cuando tendemos a vernos como objetos, dentro de un mundo de objetos de consumo. Aunque nadie lo diría así, en relación con su propia vida y persona, esto es lo que nos lleva a una afirmación muy difundida: “todos tenemos un precio”. Y cuando aceptamos esto, cuando pensamos que podríamos hacer cualquier cosa si nos pagan lo suficiente o que nuestros objetivos en la vida se encuentran directamente relacionados con el “estatus económico”, entonces hemos perdido el rumbo en relación a “tener valor como persona”. Una terrible trampa que puede arrastrarnos sin remedio y con desastrosas consecuencias, no solo para nosotros mismos sino también para nuestro entorno social y el ecosistema del planeta. Una situación que tal vez nos recuerde algo de lo que en este momento está ocurriendo en nuestro mundo, en nuestro entorno cercano.

               ¿Hay remedio? Por supuesto. ¿Dónde se encuentra? Primero en nosotros mismos, en nuestra forma de considerar la vida, el trabajo, las relaciones sociales, familiares y amorosas, pero he de advertir que si creemos tenerlo resuelto, si pensamos que esa trampa en nada tiene que ver con nosotros, nos equivocamos. Para poder evitarla precisamos estar atentos, distinguir qué son los valores de las personas y evitar dejarnos arrastrar cada día por la tentación de sentirnos objetos en un mundo de objetos marcados con un precio. Aquí comienza la madurez emocional como personas. Aquí comienza la alternativa para que la especie humana sobreviva en el planeta.

Juan Antonio López Benedí Ph. D.

Próximamente

Tengo previsto seguir desarrollando charlas periódicas en Cuenca, Barcelona y Guipuzcoa, tanto presenciales como en línea, además de mantener las entrevistas y podcasts en apoyo a quienes publican y desarrollan actividades vinculadas con la Educación en Valores Humanos.

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